Cuando llegué al
hospital, Victoria, mi enfermera, me ice un sermón a causa de mi huida. Luego,
intenté relajarme en una incomodísima cama y Jack me trajo otra tanda de
medicina. Tumbada, reflexioné sobre lo ocurrido en los últimos días, ya no
sabía que hacer con mi vida, todos mis sueños se habían ido a pique en un
instante.
A la mañana
siguiente los primeros rayos de sol me rozaron suavemente la cara, necesitaba
hacer algo con migo misma, quería ser feliz, poner un poco de alegría en mi
cuerpo, así que una vez tuve totalmente curada la herida me dispuse a olvidar
esta etapa de mi vida.
Un taxi me
recogió en el hospital y me trajo al aeropuerto. No sabia a donde ir, solo
sabía que me iría muy lejos para volver a empezar. Estaba en la puerta de
embarque cuando oí mi nombre:
- - ¡Carol!
Era él la persona
que esperaba que viniera…
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